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No todo fracaso es fracaso

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«El fracaso es parte del éxito»

Sí, pero que pinche difícil es verlo así.

La realidad es que cada vez que algo no sale como esperábamos, planeábamos o como se supone tenía que resultar, sentimos la punzada del fracaso.

O por lo menos yo…

Toda mi vida he padecido de ser extremadamente dura conmigo y los resultados que debo obtener. Así que cada intento fallido, era un fracaso. Lo cual ha sido además de tonto y difícil, poco realista.

Hace un mes entré a un programa de entrenamiento que duraría 8 semanas. El programa era en un gimnasio, duraría 30 minutos por sesión (lo cual no era verdad porque el entrenador agregaba 10 minutos de abdominales + planchas de 2 minutos, gracias) consistía en extenuante entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT). ¿Lo peor? eran 5 días a la semana SIN FALTAR (idealmente).

Entré por varias razones:

1. Me gusta el HIIT

2. Necesitaba «encender» mi metabolismo

3. Necesitaba motivación para hacer ejercicio que había estado perdiendo los últimos meses

4. Un grupo de amigos nuevos prometían hacer la cosa divertida.

¡Genial! Lo que necesito. Pensé.

 

Terminé la semana 4 y a la quinta me enfermé de anginas. Para la sexta que es la que está corriendo en estos momentos en los que escribo, dejé de ir.

¿Por qué dejé de ir?

La verdad es que las 4 semanas fueron difíciles. NO solo por el esfuerzo físico sino por otras razones que son las que realmente me hicieron tomar la decisión:

1. Me gusta el HIIT pero confirmé que no me gusta el ambiente competitivo poco amistoso y algo bully que se da con frecuencia en este tipo de entrenamientos. Razón por la que dejé del crossfit y no se me ha vuelto antojar pararme en un «box» de nuevo.

2. También me dio la motivación para seguir… pero por mi cuenta. Me estaba costando trabajo hacer ejercicio sola y el programa me hizo ver que el HIIT que hacía en casa es muchos más accesible sin estar en un ambiente con el que no conecto.

3. Los amigos resultaron no ser tan amigos (bummer).

4. Y la verdad, perdí por completo las ganas y el entusiasmo por el programa.

Entendí que nada tiene que ser a fuerza y debo seguir mi mantra: yo no vine a este mundo a sufrir. La realidad es que no me la estaba pasando bien.

Peeeero, llegó la punzada del fracaso. Claro. No terminar algo, es fracaso ¿cierto? abandonar algo a la mitad no está bien ¿cierto?

¡No siempre es cierto!

Así es como lo veo ahora:

1. Salí de mi zona de confort: no suelo ir a clases grupales. Soy más bien antisocial y aún estando en gimnasios siempre llevo mis programas en el celular y los cumplo sola. Hacer ejercicio en grupo fue algo diferente que desde el crossfit no hacía.

2. Mi metabolismo sí se aceleró, mi condición mejoró mucho y bajé de peso. ¡Eso no puede ser un fracaso!

3. Confirmé que ese tipo de programas no son para mi. Pero si no pruebas, no lo sabes.

4. ¡Lo hice! rompí la inercia.

Y lo que quiero dejarte como lección de esta pequeña historia es que todo lo que hagas tiene un propósito y aunque a veces las cosas no salgan como esperamos (como en este caso que me faltó la mitad) el simplemente haber tomado acción es ganar.

Todo son micro experimentos porque nada está predicho en la vida. No hay fórmulas y cada quien va trazando su camino conforma da cada paso.

Cambiar de carrera, dejar atrás a una persona tóxica, cambiar de giro de negocio o no terminar un programa de ejercicios no son fracasos… muchas veces son los pasos que necesitamos para estar más cerca de nuestro objetivo y auténtica felicidad.

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