Quizá este post sea corto, pero les garantizo que trae buen mensaje. Este fin de semana murió mi abuelita.
Es triste, pero a la vez, ya estaba grande (96 años) así que también descansó de una serie de dolores y problemas que la mantenían en el hospital. Se que ya está mejor.
Mi abuela fue una mujer muy fuerte y ciertamente lonjeva. Pero me dio mucho gusto que mi papá tuviera la previsión de comprar los servicios funerarios y hasta su nicho (en una iglesia bien bonita) desde hace ya algunos años. Rápidamente me explicó que además de que pudo hacerlo con calma, elegir el féretro, el plan y hasta el sistema de pago, el costo fue muy accesible. Financieramente hizo mucho sentido.
Pero lo mejor de todo, fue que cuando la abuela falleció, mi papá no tuvo que preocuparse por nada. Ellos se encargaron del cuerpo desde que se firmó el acta de defunción hasta el momento de la entrega de las cenizas. Y ciertamente fue un gran peso de encima menos para mi padre, quien a pesar de estar preparado para la pérdida, estaba confundido, cansado y sin mucha capacidad de decisión.
Por supuesto, tanto mi mamá como mi papá ya tienen contratados sus servicios. Cada uno ya eligió donde será su última morada y están preparados. Los hijos lo agradecemos mucho.
Los invito a que platiquen con sus padres de esto. Se que no será el tema favorito, pero créanme, en momentos de mucho dolor, la previsión hace una gran diferencia. Háblenlo, contraten un plan desde ahora. No lo dejen para después.
Un abrazo a todos.
Recomendaciones de PROFECO para contratar estos servicios.
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