Ilustración: bachan
Se que este asunto no está directamente relacionado con la cuestión económica (aunque todo esta indirectamente relacionado con el $) pero es un tema que ha estado dando vueltas por mi cabeza.
Desde hace tiempo escuche de la iniciativa para lograr que se dejen de vender botanas, refrescos y otros alimentos considerados “chatarra” en las escuelas.
Como se pueden imaginar, el tema ha levantado polémica y aunque algunas escuelas ya lo han logrado esto en varios estados de la República, como Colima, Baja California Sur, entre otros, todavía no es una ley.
¿Los puntos en contra de estas botanas y refrescos?
- Los Estados que intentan lograr expulsar estos alimentos argumentan los altos niveles de azúcar, calorías y sales en ellos mientras su aporte nutricional es bajo o nulo.
- Alegan que estos productos son en parte responsables de la alarmante obesidad que se vive en el país donde el 26%* de los niños entre 5 y 11 años padecen sobrepeso.
Por otro lado, está ConMéxico (Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo) que está cabildeando-negociar cuestiones de corte político con organismos públicos- para que no se expulsen estos alimentos de las escuelas.
Los puntos a favor de dejar estos productos en los colegios:
- El efecto negativo que tendrían estos alimentos fuera de las instituciones educativas para el público, si se les considera oficialmente chatarra digna de ser eliminada del alcance de los niños.
- Que la obesidad no es por la accesibilidad de estos alimentos. Es algo mucho más complicado.
- Y sobre todo, no esta de acuerdo en que la prohibición sea la manera más efectiva de cambiar hábitos y atacar un problema con tantos perfiles como el del sobrepeso.
Todavía no sabemos como va a acabar esta historia, pero lo que yo me pregunto es ¿porqué estamos ahora gordos? Cuando yo estaba en la primaria (en los 70s) las “cooperativas” o tienditas de todas las escuelas a las que asistí (mis padres se mudaban con mucha frecuencia) estaban abarrotadas de: donas y panes, todos los productos bimbo, sabritas, boing, miguelitos, frutsis, tutsipops, cazares etc. La lista es larga. Era lo único que comíamos el 75% de los chamacos (el otro 35% llevaba lunch hecho en casa) durante las 6-7 horas que duraba nuestro encierro. Es cierto que habían unos cuantos gorditos, pero la verdad, la mayoría éramos un palo. Hace poco fue la reunión de mis compañeros de secundaria y nos sorprendió que la mayoría estábamos muy delgados y que todos hemos empacado algunos kilitos con los años (pero esta, es otra -triste- historia).
Y no estoy contando con las miles de tiendas de la esquina (que literalmente estaban en cada esquina), donde también gastábamos nuestros presupuestos en chucherías de “mal comer”. ¿Qué pasa ahora? Es cierto que antes teníamos un poco más de actividad física, que salíamos más a la calle a jugar, pero así que digan ustedes ¡que bárbaros! cuanto super ejercicio, pues tampoco. No se que pasa ahora 30 y tantos años después. Ninguna de mis teorías me alcanza.
Yo no soy de la idea de prohibir para solucionar un problema, y creo que mucho empieza con la educación en casa. Alguien dijo una vez: el conocimiento se imparte en la escuela, pero la educación, esa debe ser enseñada en casa. Sin embargo, puedo estar equivocada y que eliminar las tentaciones en la escuela ayude a que menos niños en nuestro país sufran de una condición que cuando yo era niña, pertenecía casi exclusivamente a los adultos.
Como decía Nino Canún: usted, ¿qué opina?
*Fuente: Revista Expansión




Mi hijo tiene a la fecha, 5 años de edad, aún no ha tomado refresco, solo agua de frutas hechas en casa, agua natural y leche.
Lo guiaré poco a poco con reforzadores positivos que lo mantengan lejos de la chatarra.
No quiero que acabe como yo.
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